No solo para evitar las agujetas…

El calentamiento es una técnica esencial y común realizada antes de empezar la sesión de cualquier tipo de entrenamiento deportivo. La intensidad y la forma de desarrollo del calentamiento dependerá del tipo de deporte que se desea practicar, las condiciones del medio y el grado de preparación del atleta.

13679479875_5e4c7713d9_z-min
Créditos

Si deseamos obtener el máximo rendimiento de nuestro cuerpo al esfuerzo que realizamos, necesitaremos una fase de adaptación, que activarán una serie de mecanismos de adaptación cardiaca, muscular, circulatoria, nerviosa y respiratoria que nos permitirán ser eficientes.

Los efectos y beneficios del calentamiento:

  • Crecer la capacidad de contractilidad muscular: el primer efecto del calentamiento es un crecimiento del flujo sanguíneo hacia los músculos que realizan el esfuerzo. Esto es muy importante, ya que la primera consecuencia es el crecimiento de la temperatura del grupo muscular ejercitado, obteniendo mayor viscosidad intramuscular, lo que reduce la fricción a nivel muscular interno y aumenta la elasticidad. La capacidad contractil de muchos músculos agonistas es favorecida, facilitando los movimientos a gran velocidad. Y no solo eso, el crecimiento del flujo sanguíneo ofrece un aporte mayor de oxígeno y nutrientes indispensables para el funcionamiento óptimo del músculo.
  • Mejorar el nivel de psicomotricidad: la repetición de los movimientos precedentes a la fase del entrenamiento propiamente dicho, permite adaptar el sistema neuromuscular al tipo de carga que se va a realizar, obteniendo una mejora clara en el sentido cinético y psicológico, ya que con las repeticiones crece la atención, la percepción sensorial y la concentración, creando un estado de espíritu necesario para sostener el esfuerzo físico ulterior.
  • La prevención de lesiones: la falta de calentamiento tiene como consecuencia una fricción entre las fibras musculares y una falta de coordinación entre los músculos agonistas y antagonistas lo que se traduce como causa de las rupturas fibrilares y de tendón más frecuentes, contracturas, etc.

No puedo porque no quiero

-¿Me has traído lo que te pedí?

-No, no pude. 

-¿Y entonces por qué me dijiste que ibas a traerlo si luego no cumples?

-Lo siento, no tuve tiempo.

6977796150_21dc3e9d7d_z-min
Créditos

Es algo molesto, y personalmente, muy decepcionante. Desde mi punto de vista, no tener tiempo no existe, a menos que te mueras. Y como estás hablando… ¡pues resuelve la ecuación! Me saca de quicio, y “apaga y vámonos” ya no me apetece contar con esa persona para la próxima. He llegado a un nivel tan profundo de decepción cuando alguien me hace eso, que me dan instantáneamente ganas de sacarlos de mi vida para siempre. Escribo estas líneas para calmarme “chillando”. Atención: la gente chilla cuando no se siente oída/comprendida. No soy psicólogo, pero me gusta observar lo obvio. 🙂

¿Cómo es eso de no tener tiempo? Análisis personal: yo quiero hacer “X” cosa, y de repente, no puedo porque me sucede “Y” cosa. Claramente veo que si no tengo tiempo para hacer la cosa “X”, es porque lo he dedicado a la “Y”. Entonces no es cuestión de tiempo sino de focus, de concentración, de lo que nos parece importante, de PRIO-RI-DA-DES. Disculpa si ha parecido que me he estado flipando, no pretendía ofenderte ni molestarte.

¿Qué es una prioridad? Es aquello que quieres hacer por sobre todas las cosas, tal vez sea el motivo por el que te levantes por las mañanas, sin que las demás cosas no te importen tanto.

Esto me lleva a tres conclusiones: tener prioridades es importante, las prioridades marcan el rumbo de tu vida y si te mandan hacer una cosa que no es prioritaria, de manera inteligente, rechaza. (Para los proyectos/trabajos en grupo es un poco diferente: tenéis que llegar todos a un acuerdo común y luego establecer las fases del proyecto, hecho eso… el resto es pan comido). Di NO, pero sin ofender. Las ofensas crean sentimientos como la ira (lo más común… creo… y por lo que he visto) que podría llevar a consecuencias desastrosas. Como ofendido, tú te enfadas y te “cierras en banda” y entonces cualquier idea u opinión ajena a la tuya (pero tal vez mejor) se te escapa, además de hacer que te precipites en tus decisiones y por lo tanto, acciones. “Tal vez le pegues un tiro a alguien sin querer”. Lo siento otra vez, tengo un enfado crónico (y no me he dado cuenta del porqué todavía) y el 85% del tiempo que dedico a comunicar con las personas me suelo enfadar porque muchas veces considero que dicen/hacen chorradas y entonces vienen a mi mente ciertos símbolos que hacen referencia a la violencia, además de que me gustan ese tipo de pelis (pero inteligentes, ¡eh!).

Ah, y también me siento juzgado bastante.

Si crees que puedes aportar con tu comentario alguna idea complementaria o absolutamente diferente, puedes (¡POR FAVOR!) dejarla en los comentarios. También puedes hacerlo si eres psicólogo/a y quieres ayudarme. Jajajaja

¡Buenos días y hasta el próximo lunes!

Cómo dar las gracias

A algunos les puede parecer una banalidad el aprender cómo decir gracias, pero ésta es una de las habilidades más importantes en el arte de la construcción de las relaciones interhumanas. Busquemos en agradecer a los de nuestro entorno siempre que podamos.

3606756730_8320015f56_z-min.jpg
Créditos

Cuatro claves para agradecer eficazmente:

  1. Da las gracias de manera clara: Hablando claro no permites que haya ninguna duda de que estás agradeciendo de manera sincera. Hazlo alegremente. Si además otros te oyen, el efecto es todavía más poderoso.
  2. Mira y toca a la persona: Mirando a alguien a los ojos le ayudas a convencerse de tu sinceridad, y tocándole levemente el codo recordará por más tiempo tu agradecimiento.
  3. Pronuncia su nombre: Personaliza tus “gracias”. Decir “gracias, Rubén” tiene mejor efecto que un “gracias” a secas.
  4. Manda una nota: Según la situación, es la forma de agradecer más efectiva. Un “gracias” cara a cara está en segundo lugar seguido de hacerlo en una llamada telefónica; y un mensaje escrito es mejor que el silencio.

Seamos sinceros cuando agradezcamos algo. Hagamos sentir a esa persona que los gracias son sinceros. Si no lo son, el lenguaje corporal nos traicionará. Convirtámonos en mensajeros de los “gracias”. Busquemos motivos para agradecer por cosas que no son evidentes.